Hola,
mi nombre es …
CeCe
Torres
“¿Por qué Yoya?
Cuenta la familia que cuando uno de mis
hermanitos comenzó a hablar, ya sabes, los bebés cuando comienzan a hablar
nombran a todos los objetos y personas con la misma palabra; entonces, el mío
comenzaba a hablar y de repente me llamó de esa forma…” Así comienzo a contar
la historia breve del porqué me llaman como me llaman en mi familia y de cómo
me gusta nombrarme.
¿Cuál es el nombre que escogen para
presentarse? Por ejemplo, mi nombre es Rut Cesilia, a duras penas me presento
de esa forma, siempre escribo Ruth Cecilia, llámenme una loca desquiciada o qué
se yo, pero, la primera no termina por agradarme. El motivo del nombre, por el
momento no es relevante.
Con los desconocidos soy Rut, para aquellos
que me conocen soy Ruth y otras veces Rut; en mi familia en algún momento fui
Ruth, Rut o Cecilia, nunca Cesilia. Había personas que me llegaban a llamar por
mi segundo nombre (siempre con C), quizá lo hacían para no confundirse con mi
Abuela (su nombre es Ruth). Solo tres personas me llaman Cecy (i) y es muy
íntimo escucharlo por parte de ellas. A pesar de los tiempos y la distancia les guardo
mucho aprecio. Es raro, solíamos ser desconocidos y bueno, si alguien diferente a ellos me llegara a llamar por ese nombre, suena extraño y me incomoda un poco.
Para las tías, primos, mamá, desde aquella
ocasión que, según mi hermano comenzaba a hablar soy Yoy, a veces Yoya y otras
veces Yoyita, (mi prima me llama mula y yo a ella también, pero esa es otra
historia). Escoger el nombre para presentarte con un desconocido, es un tanto
como al desnudarse, es decir, quizás aquella persona se quede estacionada en tu
vida o tal vez no, pero, darle la oportunidad de llamarte como lo suelen hacer
los más allegados a ti, es una manera de desnudar el alma y no a cualquiera se
le debe otorgar dicho privilegio. En fin.
De una u otra forma, cómo y con quién
decida presentarme, y el nombre que escoja para ello, son versiones
completamente diferentes y al mismo tiempo la misma, así como de Diosito, de su
servilleta. Pero tampoco digo que una sea mejor que la otra; cada una tiene sus
virtudes y defectos y a cada una la quiero porque han aportado algo, ya sea
bueno y/o malo. Cada una ha vivido un momento, mismo que atesoro y que de vez
en cuando visito. Y a cada una le debo del porqué ando por estos lares.
Las máscaras no solo van en la personalidad
que adoptemos, sino también con el nombre que decidimos presentarnos y
representar.
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