domingo, 9 de febrero de 2020


Hola, mi nombre es …
CeCe Torres
“¿Por qué Yoya?

Cuenta la familia que cuando uno de mis hermanitos comenzó a hablar, ya sabes, los bebés cuando comienzan a hablar nombran a todos los objetos y personas con la misma palabra; entonces, el mío comenzaba a hablar y de repente me llamó de esa forma…” Así comienzo a contar la historia breve del porqué me llaman como me llaman en mi familia y de cómo me gusta nombrarme.

¿Cuál es el nombre que escogen para presentarse? Por ejemplo, mi nombre es Rut Cesilia, a duras penas me presento de esa forma, siempre escribo Ruth Cecilia, llámenme una loca desquiciada o qué se yo, pero, la primera no termina por agradarme. El motivo del nombre, por el momento no es relevante.

Con los desconocidos soy Rut, para aquellos que me conocen soy Ruth y otras veces Rut; en mi familia en algún momento fui Ruth, Rut o Cecilia, nunca Cesilia. Había personas que me llegaban a llamar por mi segundo nombre (siempre con C), quizá lo hacían para no confundirse con mi Abuela (su nombre es Ruth). Solo tres personas me llaman Cecy (i) y es muy íntimo escucharlo por parte de ellas. A pesar de los tiempos y la distancia les guardo mucho aprecio. Es raro, solíamos ser desconocidos y bueno, si alguien diferente a ellos me llegara a llamar por ese nombre, suena extraño y me incomoda un poco.

Para las tías, primos, mamá, desde aquella ocasión que, según mi hermano comenzaba a hablar soy Yoy, a veces Yoya y otras veces Yoyita, (mi prima me llama mula y yo a ella también, pero esa es otra historia). Escoger el nombre para presentarte con un desconocido, es un tanto como al desnudarse, es decir, quizás aquella persona se quede estacionada en tu vida o tal vez no, pero, darle la oportunidad de llamarte como lo suelen hacer los más allegados a ti, es una manera de desnudar el alma y no a cualquiera se le debe otorgar dicho privilegio. En fin.

De una u otra forma, cómo y con quién decida presentarme, y el nombre que escoja para ello, son versiones completamente diferentes y al mismo tiempo la misma, así como de Diosito, de su servilleta. Pero tampoco digo que una sea mejor que la otra; cada una tiene sus virtudes y defectos y a cada una la quiero porque han aportado algo, ya sea bueno y/o malo. Cada una ha vivido un momento, mismo que atesoro y que de vez en cuando visito. Y a cada una le debo del porqué ando por estos lares.

Las máscaras no solo van en la personalidad que adoptemos, sino también con el nombre que decidimos presentarnos y representar.

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