miércoles, 30 de septiembre de 2020

 No me gusta enseñar Literatura.

CeCe Torres


¿Qué sucede con la enseñanza de la Literatura en las prepas?

    El patrón de enseñanza se repite una y otra vez, haciendo que exista un repudio en cuanto al estudio específico de la literatura a nivel medio superior. Adaptar nuevas técnicas para que los estudiantes se sientan interesados, es uno de los primeros retos que se les presenta a los que nos dedicamos a ello. Y, en una sociedad conservadora como lo es la comunidad de Yucatán, romper con esos patrones, es una tarea aún más ardua, pero no imposible.

    Desde hace algunos años me dedico a la enseñanza de este arte a nivel medio superior y, debo reconocer que, al inicio me sentía entusiasmada, animada y motivada con llevar un poco de mis experiencias a los más jóvenes. Irónicamente en mis años como estudiante de preparatoria, el maestro de Literatura repetía una y otra vez, de manera textual y literal lo que se mencionaba en su libro de consulta; un libro que parecía tener más años que él enseñando dicha asignatura y eso influía en mi para ya no querer saber sobre la asignatura; terminé estudiando y dedicándome a ello. Conforme el tiempo iba y va pasando, ese entusiasmo y motivación ha ido decayendo y de ello a continuación enumero alguna de las razones:

1. Las lecciones se repiten una y otra vez. No digo que la Literatura Universal no es y no sea importante. Necesitamos saber sus orígenes y claro, contextualizar sobre lo que estamos y vamos a estudiar. Pero ése patrón repetitivo no es el adecuado.

2. Los estudiantes no están habituados a la lectura, no tienen criterio más allá de lo que se les presenta en las aulas y, en ocasiones aún les proporciones el resultado, no hay interés de su parte. Muchos dirán que es acá donde la destreza del docente debe estar despierta, pero, por mi experiencia, puedo mencionar que, la realidad es diferente a las expectativas.

3. Los textos que se les presenta a los jóvenes siempre es una imposición, por lo que su rechazo incrementa y muchos de los que están habituados a leer no suelen decir el tipo de lecturas que realizan, por miedo al rechazo, puesto que "la verdadera literatura" no involucra a esos textos.

4. La actualización del material a utilizar no siempre es el adecuado o bien, se centra sólo en un sector específico, pero se sigue cometiendo el error del punto 1. Lo llaman adaptación, sin embargo, es una adaptación mal aplicada.

5. Considero que dedicarle el estudio a la Literatura durante solo 1 año no es el suficiente. La carrera de Literatura (en mi caso, Literatura Latinoamericana) dura en promedio 4 años y, sigue siendo insuficiente.

6. La sociedad es tan conservadora que hasta para la enseñanza se siguen repitiendo las mismas lecciones una y otra vez. Porque eso es lo bien y si se sale de esa línea, eres la mala de la historia... los movimientos sociales (inserta acá tu favorito o del que estés en contra), las dictaduras en Latinoamérica, no pueden ser mencionados porque la Literatura no debe enseñar eso; la Literatura debe enseñar la belleza de las letras y no a hablar cuando la Historia calla.

7. El sistema es obsoleto y debe cambiar, pero, caemos en el punto 6, es un tanto imposible. Entonces, ¿Qué nos queda a nosotros como conocedores de la Literatura y quienes nos encargamos de llevarle nuestras experiencias a los más jóvenes? Ir en contra del sistema no es posible, y eso es algo que he estado asimilando durante mis años de formación y como profesionista. Lo más que, por el momento puedo hacer, es buscar una grieta dentro del mismo sistema y crear consciencia en aquellos que de verdad quieran una evolución, porque, si bien como especie dentro del reino animal estamos a la cabeza de la pirámide, también es cierto que la evolución no es para todos.

8. Como último punto: Debemos entender también que, no todos contamos con el acceso a la educación y eso es un privilegio. Entender y aceptar, que, cada uno de nosotros (y hasta los que tenemos acceso al internet), estamos en una burbuja y que, depende mucho del cómo hacemos uso de dicho privilegio para romper con esa burbuja.

    ¿Me desanima un poco? sí, pero no pierdo la esperanza; algunas personas, sean niños, adolescentes, jóvenes y adultos, podrán tener esa escapatoria de la realidad y todo gracias a una ventana que encuentran en la Literatura, para que, la construcción de una sociedad más incluyente, tolerante y respetuosa, por fin pueda suceder.

domingo, 13 de septiembre de 2020

Las mascotas de la Abuela

Cece Torres

Doña Mary tenía una predilección por los animales. En mi infancia, adolescencia y durante mi juventud-adultez (el tiempo NO suficiente que estuvo conmigo) recuerdo que llegó a tener varias mascotas. El patio de su casa, como lo dice aquella copla infantil, era particular. Había gallinas, pavos, aquellos que llegaron a traumatizarme porque llegaban a corretearme. 

    Entre aquellos animales fantásticos a los que mi Abuela quería, se encuentra Omar, no sé del porqué el nombre, pero, se nos hacía gracioso cada vez que nos dirigíamos a él. Para ese momento, quizá eran principios de los 90´s, existía un actor muy famoso, Omar Fierro, por lo que, cada vez que le llamábamos, era con su nombre completo "Omar Perro". No recuerdo cómo es que falleció, una versión fue el de ser golpeado por la camioneta del Abuelo cuando andaba durmiendo debajo, puesto que tenía esa manía.

    Otro que conocí fue al Loki... ¿cómo es que lo obtuvo? no tengo idea, solo recuerdo que un día simplemente ya estaba en la casa y la Abuela de nuevo tenía una compañía más. Loki era algo especial, no sé, fue fiel a mis abuelos, pero también respetuoso con los demás, es decir, no te metas con él y él no se mete contigo. Para cuando Loki llegó a casa de la Abuela, en mi casa también llegó Gavilán; eran primos, así era como Doña Mary los llamaba, incluso a ellos también los regañaba. Loki murió en medio de la calle, durmiendo. La abuela lloró.

    Chapulín, era como se llamaba el perro del tío-abuelo (papá-tío, de cariño). El pobre perro estaba traumatizado, ya que en la casa de al lado, comenzaron a estallar dinamita y, cada que escuchaba la palabra "Bomba" o el tronar de los voladores, se metía debajo de la mesa y se aferraba con sus garras. Nadie podía sacarlo de allá. Me daba miedo porque mostraba sus dientes, jamás fue agresivo, solo lo hacía como medio de defensa y bueno, con eso sabíamos que era imposible hacer algo más. Chapulín terminó viviendo con la Abuela después de que falleció papátío. Junto con Loki, le llegaron a hacer compañía a los abuelos.

    Hablemos ahora de uno de los más recordados y queridos por Doña Mary, el perro de sus ojos, aquel al que le perdonaba todo y por supuesto, amaba más que a sus propios nietos. Se tenía qué decir. Puppy. Fue un regalo de la tía y, según la historia que yo recuerdo haber escuchado, cuando fue por él a casa de mi tía, era el único macho que quedaba; se paseó de regreso a casa con el perro en brazos y éste mostrando su pequeño pene a todos jajajaja. Doña Mary ni por enterada de ello.

    En casa estaban Loki, Chapulín y Puppy, este último, un cachorro y con mucha energía, molestaba a los mayores. La abuela regañaba a los otros dos porque no le hacían caso o porque pegaban a Puppy. Su nombre, por cierto, se debe a que, el comercial de papel higiénico estaba en boga y bueno, se parecía a él. Puppy seguía e iba con mis abuelos a todas partes. Escuchabas sus patas corriendo detrás del Abuelo cuando iba a la cocina o al baño y de regreso al cuarto; se sentaba a los pies de la Abuela en las tardes cuando estaba costurando en el porch de la casa o en la tiendita. Les hacía caso solo a ellos dos y siempre que salía al vecindario y no llegaba a sus horas, la Abuela salia a la puerta, lo llamaba, el perro venía. Dormía en el mismo cuarto con ellos, debajo de la hamaca de papá y junto a la cama, donde la Abuela estaba. Tuvo una alimentación específica; la Abuela podía comer huevito, pero la sopa de pollo para Puppy nunca faltaba. Lo amó demasiado; falleció de cáncer en los testículos. Dios guarde a Puppy. La Abuela lo lloró, incluso años después y a pesar de que Evo ya había llegado a casa.

    Como bien menciono, el siguiente es Evo, "Evorroides", Evo Morales. La tía Angélica lo rescató de casa de un pariente. El pobre animal estaba amarrado debajo de un árbol, pasando por la lluvia y el sol. Recibía también maltrato, no podía ver el palo de escoba o alguna rama larga, el perro se echaba a correr. Puppy pasó a convertirse en el maestro, así que, la misma experiencia que pasó con Loki, estaba a punto de verse con este par. Y sí, de nuevo la Abuela los regañaba cuando los escuchaba gruñir o a punto de pelearse. 

    Si los animales tuvieran personalidad de humanos, Evo sería quizá como un Dr. House, le valía todo. "Se llevó a vivir a su novia", la Gaviota; una perra a la que conoció en un circo que llegó al pueblo (solo de recordarlo y de ver el cómo lo redacto, muero de risa). La Gaviota tuvo perritos, producto de su relación con el Evo y del que, posteriormente nos dimos cuenta que era un padre desconsiderado y que a la Gaviota sólo la llevó a vivir a casa de los Abuelos porque estaba en su etapa de rebeldía. Evo murió envenenado. 

    Dejó a una viuda y a tres huérfanos: Tequila, Brandy y Whisky... 

    La Abuela también tuvo una etapa de gatos. Recuerdo a Tití, la gata se comía a sus gatitos, creía que era una gata loca o enferma. Tiempo después entendí que algunos gatos lo hacen por supervivencia. La negra que estaba en la tienda de la plaza (centro) del pueblo, entre ellos a Natasha, una siamés que, fue la sensación en ese entonces. La negra y Natasha fueron las únicas que se dejaban tocar, los demás gatos estaban muy ariscos, terminaban yéndose. Uno de los hijos de la Nathasa fue también siamés, que según sería como regalo para mi cuñado. Termino en mi casa. Titito. Dios guarde tu alma.

    La otra tía le había llevado una gata, Evodia. La casa de la Abuela se llenó de gatos que no sabían qué hacer con tantos. 

    Como mascota no convencional se encuentra Kikirí, un gallo precioso que, murió de forma extraña. En la batea se encontró el cadáver todo golpeado. El maldito gallo te perseguía, pateaba y picoteaba sin razón aparente; tenía que ver el momento exacto de no topármelo cada que salía al patio, de lo contrario pasaba lo que pasaba.

    Doña Mary amó a cada una de sus mascotas e incluso a las que, mis primos y hermanos llegamos a tener. Esa sensibilidad ante la vida de un ser vivo, es tal vez algo que admiro hasta ahora de ella. No importaba que fuera un animal, la Abuela los respetaba, cuidaba y amaba como un miembro más de la familia, al final de cuentas eso es lo que son. Y quizás el hecho de haber crecido de esa forma, viendo la manera de amar a sus mascotas, sus nietos también tengamos esa sensibilidad para con la vida de un animal. No sé cuánto más me dará una lección de vida, aun ella ya no esté presente físicamente, pero dentro de todas esas anécdotas hay cosas que recuerdo y vuelvo a sonreír. La recuerdo y sigo pensando en volver a verla cuando regrese a casa.

    Quiero finalizar con algo que mamá me dijo mientras desayunábamos: "A mí no es que no me gusten los animales, es que no me gusta despedirme de ellos", puesto que el Fer todavía no aparece y bueno, hay miles de escenarios en mi mente. La ansiedad me invade. A pesar de que Pimpinela me hace compañía, aun me hace falta el Fer y escribir es una forma de sobrellevar la ansiedad, porque al final de cuentas, el Fer es parte de la familia, mi familia. Y así como con la Abuela, espero verte de regreso en casa.